Ha sido un largo recorrido el que ISO 26000 ha ejecutado, sin embargo, al parecer se está llegando al final.
Alrededor del mundo existen muchos documentos, distintivos, lineamientos, indicadores, principios y organizaciones que tratan de señalar qué es específicamente una entidad socialmente responsable y cuál debe ser su actuar. Tal vez sea éste el motivo central por el cual muchos están ávidos de ISO 26000 y de su carácter simbólico como documento unificador… y es que después de todo, ISO obedece a la raiz griega que significa igual y no, como muchos creen, a las siglas de International Organization for Standardization.
El documento no será perfecto. Cierto. Siempre será perfectible. La responsabilidad social no se estanca, sino que evoluciona; sin embargo, una cosa es segura: será sólido; y en esta misma solidez destaca su caracter de no certificable, pese a lo que muchos consultores hambrientos pudiesen desear. Es un hecho: La norma provee guía a las organizaciones para sus esfuerzos en el campo de la RS y no tiene la intención de convertirse en una norma certificable.
El propósito de ISO 26000 es unificar y estandarizar criterios en pro de un comportamiento ético que nos permita a nivel personal y como organización servir, dar y ser lo mejor para el mundo, basados en principios y materias fundamentales consensuadas de la responsabilidad social.
Con los votos de los distintos países en esta parte final del proceso, la próxima reunión en Copenhague deberá ser la última del grupo de trabajo en ISO 26000, misma que esperemos vea la luz a final del año. Lo dicho, ha sido un largo trayecto… esperemos que el resultado y sus alcances sean tanto o más inspiradores que el video realizado para ello.
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